7 de abril de 2013

Comida basura. La droga del S. XXI... literalmente.



   El número de personas obesas se está disparando en los últimos años, y apunta a que seguirá con esa tendencia. ¿Se puede decir que nos estamos “enganchando” a este tipo de alimentación basura tipo hamburguesas, perritos, fritangas y demás?


   Pues resulta que sí. Un estudio (americano, como no podía ser de otra forma) ha descubierto que la ingesta excesiva y reiterada de grasas, hace reaccionar al cuerpo de la misma forma que lo hacen algunas drogas duras bastante conocidas.

   El experimento se llevó a cabo con ratas. Aquel grupo al que se le suministró gran cantidad de comida basura, perdieron el control sobre su alimentación, necesitando cada vez más cantidad de esta comida para saciarse. Tras varias semanas siguiendo esta dieta, y después de haber engordado a niveles obesos, llegaron incluso a casi morir de hambre al sustituir su dieta grasienta por una más saludable, ya que ignoraban estos nuevos alimentos.

   La explicación molecular a este fenómeno va en función de dos moléculas: la famosadopamina (hormona del placer) y los endocannabinoides. 
Estos últimos son liberados por las vías altas del tracto digestivo tras la ingesta de comidas grasas. Estos endoncannabinoides, que también son liberados en el consumo de marihuana, por ejemplo, estimulan la producción de la dopamina, que viaja al cerebro, donde se encuentran sus receptores y actúa como “alivio” o “placer” (al igual que ocurre tras un orgasmo).

   La adicción consiste en que, las grandes ingestas de este tipo de comida, produce una sobreestimulación de estos receptores, que para compensar, aumentan su umbral de acción, es decir, necesitan una mayor cantidad de dopamina para estimularse. Esto conlleva a que necesitemos un mayor consumo de estas grasas para alcanzar un nivel de satisfacción similar.

   Además, a los sujetos a quienes se les retira esta dieta, experimentan comportamientos similares a aquellos que consumen cocaina o heroína: agresividad, aversión por otro tipo de comida, incluso preferían soportar las descargas eléctricas que pretendían persuadirlas de alcanzar esa comida chatara, como ocurre con los drogadictos.

   Sin embargo, todo esto no se observaba en individuos a los que se les alimentaba con comida sana y a los que se les restringía el acceso a comida basura durante solo una hora al día. Por tanto, esto no significa que debamos dejar de ir al McDonald de vez en cuando, o que un kebab los sábados de fiesta deban ser prohibidos. Simplemente, al igual que con cualquier otro alimento, hay que consumirlo, pero con moderación.

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