29 de mayo de 2013

Partes del cuerpo que no nos sirven. Parte I



    En nuestro cuerpo existen ciertos órganos o rasgos anatómicos que han quedado obsoletos a lo largo de la evolución pero que aún siguen ahí, o simplemente aún no se conoce la utilidad que puede tener para nuestro cuerpo. Ya, el propio Charles Darwin identificó muchos de ellos en "El Descenso del Hombre" (1871). ¿Quieres saber qué sobra en nuestro cuerpo además de algunos kilos?



    Conocidos como órganos vestigiales, empezaron siendo 86, enumerados por Robert Widersheim en 1893, de cuyas funciones en el organismo no se conocían. Hoy día la lista se ha reducido bastante y provoca ciertas discrepancias según quién. Aun así, no será raro esperar que algunas de las siguientes partes que nombraré, desaparezca definitivamente del cuerpo humano en el futuro.


1. Muelas del juicio

     Ya no son necesarias para el tipo de alimentos que ingerimos, a no ser que te guste ir mascando ramas por ahí. Sólo el 5 % de la población cuenta con un juego sano de estos terceros molares.




2. Músculos extrínsecos del pabellón auricular.

      Son músculos que le permiten a algunas personas mover sus orejas. No tienen ninguna otra utilidad que la de parecer raro cuando lo haces. Yo no debo de tenerlos, porque me resulta imposible mover las orejas. 









3. Órgano vomeronasal o de Jacobson

      Un diminuto hoyo a cada lado del tabique nasal que se considera ligado a los quimiorreceptores no funcionales, localizado en el hueso vómer, entre la nariz y la boca. Si somos capaces de captar las feromonas, cosa que aún no es segura (si quieres saber más sobre ellas, visita el artículo de las feromonas), probablemente lo hagamos gracias a este órgano. Algunos mamíferos utilizan un movimiento facial característico llamado reflejo de Flehmen para enviar compuestos a este órgano, mientras que en otros mamíferos es mismo órgano se contrae y bombea para atraer los compuestos.



4. Costillas del cuello

  Un conjunto de costillas que encontramos en la zona del cuello (marcadas con flechas), que posiblemente sean restos de la edad de los reptiles. Aparecen únicamente en el 1% de la población y, a menudo, causan problemas en los nervios y las arterias.


5. Tercer párpado

     Un ancestro común a las aves y los mamíferos podía haber contado con una membrana para proteger el ojo y barrer residuos hacia el exterior. De él, los humanos aún conservamos un pequeño pliegue rosado en la esquina interior del ojo. También se llama membrana nictitante o pliegue semilunar.



6. Músculo piramidal.
     
      Es un diminuto músculo triangular parecido a un marsupio que se une al hueso púbico. Sale de la pelvis por el agujero sacrociático mayor y desde ahí se dirige hacia abajo por debajo del glúteo (en la imagen queda clarísimo). Más del 20% de nosotros carecemos de él. Es bastante inútil, aunque es cierto que resguarda el nervio ciático. También es importante en deportistas de alto rendimiento, sobre todo en deportes de resistencia.






7. Músculo palmar.

     Este músculo largo y estrecho recorre el codo hasta la muñeca, junto al supinador largo. Está ausente en el 11% de los humanos modernos. Una vez pudo tener su utilidad y ser importante para colgarse y escalar. Los cirujanos lo aprovechan para emplearlo en cirugía reconstructiva.






8. Pezones masculinos

     Los conductos lactíferos se forman antes de que la testosterona provoque la diferenciación de sexos en el feto. Según la revista LiveScience, sea cual sea nuestro sexo, todos comenzamos siendo mujeres en el vientre materno. ¿Por qué los pezones masculinos vienen equipados con nervios y vasos sanguíneos? En muchos mamíferos machos, las hormonas se encargan de atrofiar la formación de los pezones. ¿Significa eso que los hombres prehistóricos amamantaban a sus niños? No hay pruebas que muestren ese hecho. Lo más probable es que los pezones masculinos erectables, al no suponer un problema, no fueron eliminados por la selección natural. En la imagen vemos uno de los pocos usos que tienen.


9. Senos paranasales. 

     Los senos nasales de nuestros primeros ancestros podrían haber estado ligados a los receptores de olor, que les aportaban un elevado sentido del olfato necesario para la supervivencia. Nadie sabe por qué retenemos en estas cavidades asociadas a la mucosidad (tema del que hablo en el artículo de la importancia de los mocos), salvo quizá para aligerar el peso de la cabeza y calentar y humedecer el aire que respiramos.




10. Punto de Darwin o tubérculo.

     Un pequeño punto de la piel plegada hacia la parte superior de cada oreja aparece ocasionalmente en los humanos modernos. Podría tratarse de un remanente de una formación más grande que ayudaba a centrarse en los sonidos más distantes.








     Y estos son sólo algunas de las partes del cuerpo que aún no está claro por qué están aún en nuestro cuerpo, pero hay más, que veremos más adelante en la segunda parte del artículo. Entre ellas estará, por ejemplo, el vestigio no funcional más conocido por todos nosotros. ¿Sabes de cuál hablo?

3 comentarios:

  1. ¿Cómo es que nadie ha comentado ? me parece muy interesante - Y gracias por compartir esta información.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario, Gabriela. Y me alegro de que disfrutes leyendo los artículos del blog. No te pierdas la segunda parte del artículo, ¿eh?

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