27 de octubre de 2013

La enfermedad del muerto viviente

   Hace unos meses os hablé de la enfermedad de los vampiros. Hoy volvemos a codearnos con seres de las novelas de terror, concretamente con unos que están muy de moda ahora en la pantalla: los zombies; pero zombies en la vida real. Veremos como de nuevo la realidad supera (o al menos iguala) en esta ocasión a la ficción. Si quieres saber qué probabilidades tienes de estar presente en el tan temido y repetido apocalipsis zombies, deberás quedarte y leer más.



El síndrome de Cotard

   Esta enfermedad pisquiátrica, desubierta por el neurólogo francés Jules Cotard hace casi un siglo y medio ya ya que las primeras descripciones datan de 1880, fue bautizada como "délirie de négation", lo que traducido al castellano viene a ser delirio de negación, aunque también se le llama delirio nihilista o síndrome de Cotard.

   Este síndrome está relacionado con la hipocondría, en la que el afectado cree estar muerto (tanto figurada como literalmente), y piensa que está sufriendo la putrefacción de sus órganos, que sus órganos internos han dejado de funcionar, que su corazón no late, que no tienen nervios o sangre o que su cerebro está apagado. Otros creen simplemente no existir. Hay casos en los que el paciente se cree, incluso, incapaz de morir porque para él, ya ha ocurrido y dicen no necesitar comer, beber o dormir, pues su cuerpo no funciona y no necesita alimentarlo. A estos síntomas también se le puede añadir algunas alucinaciones olfativas que confirman su delirio, como olores desagradables, como carne en putrefacción, o afirmar que ven gusanos deslizándose sobre su piel.


   Aunque es un delirio típico de las depresiones más graves (psicóticas o delirantes) se puede ver en otras enfermedades mentales severas (demencia con síntomas psicóticos, esquizofrenia, psicosis debidas a enfermedades médicas o a tóxicos).


Entrevista con un "zombie"

   En la revista New Scientist se han publicado una serie de entrevistas y perfiles de personas que sufren o han sufrido este trastorno. Entre ellas, la más famosa es la del Graham, un hombre que un día despertó convencido de que estaba muerto. Sumido en una grave depresión, Graham intentó suicidarse metiéndose en la bañera con un electrodoméstico. Ocho meses después le dijo a su médico que su cerebro estaba muerto, "Sentía que mi cerebro ya no existía y le decía a los doctores que las pastillas no iban a servirle porque no tenía cerebro. Me lo había quemado en la bañera. No necesitaba comer o hablar o haer nada. Terminé pasando el tiempo en el cementerio, porque era lo más cerca que podría estar de la muerte".

   Este caso llegó a unos científicos británicos (Adam Zeman y Steven Laureys) que sometieron al paciente a un escáner cerebral para ver qué estaba pasando en su cabeza. El resultado fue sorprendente, ya que vieron que la actividad metabólica de su corteza cerebral se parecía más al de una persona en estado vegetativo o anestesiada que al de una persona "despierta" y consciente. Estos datos hacen ver la complejidad del síndrome y la profunda alteración en las regiones cerebrales responsables de la consciencia. Su hipótesis, a falta de más estudios sobre el fenómeno, es que la reducción del metabolismo produjo en Graham esa experiencia alterada del mundo en la que creía no existir. Finalmente, y tras una larga terapia y fármacos, Graham ha "resucitado" y ya no cree estar muerto, aunque confiesa que en algunos momentos las cosas se vuelven un poco "raras".




   Así, de nuevo una enfermedad cruza esa línea que separa la ficción de la realidad y nos da otra prueba más de qué límites puede alcanzar nuestro cerebro, aunque en este caso sea de forma negativa. 

   ¿Asustad@? Bueno, así vamos haciendo boca para Haloween. ¿Este año te disfrazarás de zombie o de paciente con el Síndrome de Cotard?

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