29 de enero de 2015

Cataratas de sangre

    Digno de cualquier momento apocalíptico u obra de algún dios enfadado, este macabro fenómeno tiene lugar en nuestra Antártida. Cada vez que del glacial emana agua, ésta lo hace teñida de un rojo intenso que le da el aspecto de una cascada de sangre ofreciendo un espectáculo sobrecogedor a quien allí se encuentre. Desde luego, una maravilla natural muy poco conocida. Pero además de mostrarla, hoy os contaré a qué se debe este sangriento fenómeno.





Sangre de "atrezzo"

   Por si hubiera algún despistado, que lo dudo, no se trata de sangre real, aunque la causa de ese color tiene mucho que ver con la causa de que nuestra sangre sea roja. Para conocerlo en directo hay que viajar al glaciar Tylor, situado en la región de los Valles Secos (Llamados así porque es una de las zonas del planeta donde menos llueve) en la Antártida. Quien primeramente descubrió este fenómeno fue Thomas Griffith Taylor, un geólogo australiano que "pasaba" por allí en 1911.

 
 Desde 1960 se ha estado estudiando este fenómeno y, aunque en un principio se atribuyó a la presencia de algas rojas, los análisis muestran que el color rojo que tiñe a las Cataratas de Sangre se debe a la acumulación de óxido de hierro en las sales del agua del glaciar, pero se ignora su procedencia. De hecho, en ningún otro glaciar de agua salada se produce un fenómeno semejante. Se han determinado, al menos, 17 tipos distintos de bacterias capaces de usar los iones de hierro usando como catalizador azufre, prescindiendo por tanto del oxígeno.


¿Un pasado/futuro extraterrestre?

   No se ha visto nunca antes en la naturaleza esa estrategia para obtener energía a partir de óxidos de iones de hierro por parte de las bacterias. Esto ha llevado a algunos científicos a plantearse la hipótesis de que estos seres provienen del firmamento a lomos de un meteorito quedando aislados bajo el frío suelo del Valle Seco. Pero obviamente se trata únicamente de una opinión por el momento.

   De lo que sí que puede servir este ejemplo de organismo extremófilo capaz de vivir en un ambiente tan agresivo como son las varias decenas de grados bajo cero y la falta de oxígeno, es para entender la gama de condiciones a las que la vida puede adaptarse, lo que supone un avance en la búsqueda de vida en el Sistema Solar, y más concretamente en Marte y Europa, la luna de Júpiter completamente cubierta de hielo. Un microbio que puede vivir bajo el Glaciar Taylor seguramente podría hacerlo bajo las espesas capas de hielo de dichos cuerpos celestes.



  Estos microscópicos seres nos enseñan una vez más que la vida no tiene límites, al menos no los que les ponemos en nuestro egocentrismo de no querer pensar que hay posibilidades más allá de lo que conocemos. 

  Y tú, ¿crees que es posible encontrar vida en otros planetas más allá del nuestro?






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