14 de junio de 2013

¿De dónde y cómo se obtiene la MIEL?

   Cuando estamos malos, con tos o la garganta algo pachucha, sabemos que añadir una cucharadita de miel a la leche caliente nos proporcionará un buen alivio, por lo que en prácticamente todas las casas hay miel, haciendo de la apicultura un negocio muy importante. Pero realmente, todo el trabajo sucio lo hacen las abejas, que son quienes producen la miel a partir del néctar de las plantas. ¿De qué se encargan las abejas y cuál es el papel del apicultor en la producción de miel desde las flores hasta su embotellamiento y venta? 



Lo que hacen las abejas

   El proceso comienza en las flores, más concretamente en los nectáreos de la base de los pétalos, encargados de la síntesis y liberación del néctar. El néctar es una solución acuosa saturada en azúcar, con amino ácidos, minerales y compuestos volátiles que funcionan atrayendo a los insectos para favorecer la polinización de estas plantas.

   En el caso que nos ocupa, la abeja toma este néctar y lo almacena en el buche donde, gracias a la enzima invertasa, separa las  moléculas de sacarosa (azúcar común) del néctar en glucosa y fructosa.  Así llegan a la colmena donde regurgitan esta nueva solución, que es tomada por las abejas obreras, las cuales deshidrata en cierta medida en su buche. Esto lo hace “desmbuchando” una parte de esa sustancia, dejándola al aire en su boca, para que se reseque, la vuelve a tragar y mezclar con el resto y repite el mismo proceso cerca de 100 veces, dejando una sustancia más viscosa que es la que extienden sobre las celdas de los panales de cera que ellas mismas construyeron con anterioridad donde se condensa debido a la temperatura del panal (35ºC) y las corrientes de aire que producen las abejas ventiladoras en la entrada del panal agitando sus alas. A la miel en este punto se le denomina mielato, que ha perdido el 80% del agua que originalmente tenía el néctar. Una vez el panal tiene llenas todas sus celdillas de mielato, las abejas cubren este con una capa fina de cera que se denomina opérculo, que significa que la miel está madura para su recolección. Es entonces cuando el apicultor puede extraer la miel.


Lo que hace el apicultor

   Tras recoger de la colmena los cuadros que contienen las celdillas de miel operculada, el primer paso a seguir por el apicultor es el desoperculado o corte para eliminar esos “tapones”  de cera que retienen la miel para que podamos sacar la miel de sus celdillas mediante centrífuga, que permitirá obtener una miel más pura que con el antiguo método del prensado. En este paso la miel ya es completamente comestible, pero suele realizarse una sedimentación con su posterior filtrado para eliminar las posibles impurezas que puedan quedar en la miel, tales como restos de polen o ácaros, y así envasar una miel lo más pura y vistosa posible.



   Aunque antiguamente la única forma de cosechar la miel de las colmenas era matando a las abejas, pero hoy es más eficiente y humana, gracias a un apicultor norteamericano que, en 1851, ideó un método para llegar hasta la miel sin hacer daño a las abejas. Su método, basado en los paneles extraíbles para los panales, es el que se sigue usando hoy en día.

   Una colmena puede producir más de tres kilos de miel al día, mucho más de lo que necesitan las abejas para alimentarse. El excedente es el que nosotros usamos para fabricar nuestra propia miel.


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