30 de junio de 2013

Plantas carnívoras: las cazadoras de color verde

    Siempre pensamos que las plantas son seres un tanto aburridos: no se mueven, no juegan con nosotros, apenas hacen nada a parte de ponerse pochas o florecer. Pero eso es un error. Las plantas interactúan con su entorno de las formas más complejas. Un ejemplo de ello son las plantas carnívoras, que cazan literalmente a sus presas cuando menos se lo esperan y acaban con su vida de la forma más cruel. ¿Quieres conocer un poco mejor a estas plantas y cómo se las ingenian para ser más rápidas y listas que sus víctimas? 







¿Por qué tienen ese nombre?

    Las plantas carnívoras o insectívoras (aunque si cae en su trampa otro tipo de artrópodo o animales diminutos como protozoos, no duda en darse su festín) son tan bellas como letales para algunos animales. Su habitat habitual (valga la redundancia) suelen ser zonas bastante húmedas y, las más vistosas, como siempre, aparecen en lugares cálidos, pero con suelos pobres en nutrientes, sobre todo nitrógeno y, por tanto, deben suplir esa falta de nutrientes que no pueden tomar con sus raíces de otra forma. Ahí entran en juego los insectos que, por suerte o por desgracia, son víctimas de sus sofisticadas trampas de atracción, como si de una arpía se tratara. Pero no todas las plantas carnívoras usan la misma estrategia para atraer y atrapar a sus víctimas. A continuación explicaré los tres ejemplos más característicos de los mecanismos que usan estas plantas para ganarse su nombre a pulso.

El mecanismo de "pinza" de Dionaea muscipula

¿Cómo engañan las plantas carnívoras?

    Aunque las estrategias para atraer a sus víctimas suelen ser parecidas, la forma de atraparlas e impedir que escapen pueden ser muy variadas y complejas, como veremos a continuación, donde explico las tres formas más comunes e increíbles que tienen las plantas carnívoras para alimentarse de animales que, a priori, son más rápidos e inteligentes que ellas y que acaban cayendo en la trampa como un ratón queda aplastado en una trampa para ratones por querer conseguir su trozo de queso.

  • Pinzas: es la que todos tenemos en mente. Con su estandarte Dionaea muscipula o Venus atrapamoscas al frente, este tipo de plantas carnívoras usan néctar que segregan las hojas para atraer al insecto, una mosca, por ejemplo. La mosca se posa en la hoja para alimentarse de su jugo rozando unos cilios o pelos detectores que hay en la hoja. Esto activa el mecanismo de cierre de la hoja por medio de cambios de presión en sus células por variación de la cantidad de agua en ellas, ya que las plantas no tienen músculos para moverse. Una vez cerrada la hoja, las espinas de los bordes evitan que se escape la mosca. El movimiento de ésta estimula la secreción de jugos digestivos que serán el final de la mosca. Una vez que le ha chupado la vida, la hoja se desprende de la planta para dejar lugar a una nueva hoja que cumplirá su misma función.
Drosera curvando la hoja donde
se ha quedado pegado el insecto
  • Pelos pegajosos: mi mecanismo favorito. Un ejemplo clásico de este tipo de trampas es la que realiza el género Drosera. Tiene hojas cerca del suelo en forma de roseta que segregan un fluido viscoso con un aroma similar a la miel que atrae al insecto que se comerá. Cuando el inocente insecto se posa en la hoja, queda automáticamente pegado a este fluido que le impide la huida y, como ocurre en las arenas movedizas, cuanto más se mueva para escapar, más pegado se quedará. Este movimiento estimula a la hoja para ir curvándose a modo de mano cerrándose, para atrapar al insecto firmemente.  Es el momento, entonces, de segregar los jugos digestivos que irán deshaciendo literalmente al insecto para ir alimentándose de sus restos.
"Jarras" de una planta
del género Nepenthes
  • Paredes resbaladizas: en este caso la trampa es un apéndice de la hoja, generalmente de plantas trepadoras que dejan su trampa en forma de jarra colgando. Lo que hace este tipo de plantas, del género Nepenthes, es llenar su apéndice en forma de jarra con un líquido acuoso que acumula en la época de lluvia y sobre el que vierte una especie de almíbar que llamará la atención de los insectos. Una vez que la víctima se apoya en la jarra para beber, las paredes resbaladizas facilitan que caiga al interior y quede atrapado en el líquido hasta que se ahoga. Cuanto más estrecha es la jarra, más difícil lo tendrán para escapar. Entonces, las enzimas digestivas, junto con la ayuda de microorganismos que en el líquido se encuentran, se encargarán de liberar los nutrientes del insecto para que la planta se alimente. La tapa de la jarra, en realidad, no sirve tanto para mantener al insecto en el interior como para evitar que se evapore el líquido que contiene durante los meses más cálidos y secos. 

    Este es otro ejemplo que podemos encontrar en la naturaleza donde las especies más bonitas y exóticas también son las más crueles, peligrosas y despiadadas donde no hay límite para la supervivencia, como también vimos que ocurría en el mar, con el post acerca de los animales marinos bellos y peligrosos, y que ahora repetimos, pero en el reino vegetal. ¿Sigues pensando que las plantas son inofensivas?

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