27 de junio de 2013

¿Por qué nos ponemos morenos con el Sol?


    Llega el verano, y con el el calor, las vacaciones, la playa, lucir tipín, solecito, baños, bikinis y bañadores. Todo esto implica dos actividades sociales bien arraigadas ya en las culturas occidentales: operación bikini para lucir cuerpo serrano, y tomar el sol para tener una piel bronceada y no parecer un cadáver tumbado en la arena que refleja el sol. Pero, ¿qué pasa en nuestro cuerpo para que tomando el sol nuestra piel cambie de color? ¿Y por qué hay gente que no se pone morena ni a la de tres? (Mi caso). Vamos a ver cómo reacciona nuestra piel ante la luz solar.


La luz del Sol nos ataca y nosotros nos defendemos.

    El Sol emite luz que abarca todo el rango del espectro de luz (del que ya he hablado en artículos como la fosforescencia VS fluorescencia o la bioluminiscencia). Podemos dividir ese espectro de luz en tres partes: la luz visible, que es la que nos permite ver, la luz infrarroja, que es de menor energía y que es la que nos da calor, y la luz ultravioleta (UV), más energética que las anteriores, y que es la que, entre otras cosas, nos pondrá morenos (además, los rayos UV son los que nos permiten sintetizar la vitamina D que es imprescindible para nuestra salud).

    Afortunadamente, la capa de ozono que rodea la Tierra se encarga de filtrar parte de las radiaciones UV, evitando que llegue la mayor parte de las radiaciones UV peligrosas, conocidas como UV-B y UV-C y deja pasar las menos peligrosas (no por ello dejan de ser peligrosas) que son las famosas UV-A, o UVA que conocemos por los aparatos de los solarium para ponerse moreno. 
    El mecanismo por el que nos ponemos morenos con el Sol es realmente un mecanismo de autoprotección de los humanos, ya que los rayos UV-A pueden dañar nuestra piel alterando nuestro ADN. Por este motivo, nuestra piel se defiende fabricando un pigmento conocido como melanina, con tonos pardos oscuros y que será la que nos ponga morenos. La melanina filtra la radiación UV del sol que pueden dañar nuestra piel y su producción depende del tipo de piel que tenga nuestro cuerpo.


¿Qué es la melanina?

    Como ya he dicho, la melanina es un pigmento que fabrican algunas células de nuestra piel, pelo y ojos, conocidas como melanocitos, cuyo número por unidad de área es similar en las distintas razas y determinante del color de la piel humana, el cual depende, básicamente, de la cantidad y la distribución de esos corpúsculos de melanina en las capas superficiales de la epidermis. Hay personas y animales que carecen de melanina o tienen concentraciones mínimas de ella, por lo que el color de su piel, ojos y pelo es totalmente claro. Ésto es una enfermedad que se conoce como albinismo.

   Las propiedades químicas de la melanina la hace un fotoprotector muy eficiente. Absorbe la radiación solar nociva y la transforma en energía en forma de calor, que resulta inofensivo. Esta propiedad permite a la melanina disipar más del  99% de la radiación absorbida en forma de calor y evita el daño directo al ADN.

    Para terminar, hay dos tipos básicos de melanina: eumelanina de color parda o negra y la feomelanina, amarilla o rojiza. Ambas se encuentran en la piel y cabellos humanos, pero la eumelanina es la más abundante, mientras que la feomelanina se encuentra en menor cantidad, pero sobre todo en las zonas sensibles del cuerpo, como labios, pezones, glande, vagina, etc y puede convertirse en un factor cancerígeno y se expone a los rayos UV del sol. De ahí que sea tan importante echarse crema solar, incluidos los labios, ya que se puede producir un cáncer ahí con más facilidad.


   En un artículo posterior, explicaré cómo funcionan las cremas solares y qué significa que una crema solar tenga un determinado factor de protección solar o SPF, aunque una pista obvia: a mayor SPF, mayor protección.



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